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Juntos, pero, ¿ no revueltos?: un repaso a la unidad de la comunidad cristiana

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Juntos, pero, ¿ no revueltos?: un repaso a la unidad de la comunidad cristiana

Cuando la Iglesia de Cristo camina en su presencia, es capaz de influir en la sociedad, y por consecuencia, en la nación. Quien estudia la Palabra de Dios, reconoce que somos una influencia en la comunidad local y global (He. 1:8). El apóstol Pablo consigna que el poder es un asunto de servicio, no de dominio; es colectivo, no individualista; es de unidad, no de división; tiene su origen en la vida llena del Espíritu Santo; está ligado al propósito de Dios: reconciliar al hombre (2 P. 3:9).

En el asunto de la unidad es imperativo hablar de la acción del Espíritu Santo en el creyente. Ya que sin relación, no hay comunión. Hoy nuestro país solicita de una Iglesia unida para ser relevante a la presente generación. Basados en Juan 17:21, repasemos algunas afirmaciones que Dios expresó acerca de la unidad:

  1. Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti

Hay quienes pregonan la unidad en la comunidad cristiana, pero lo que no dicen es el radio que abarca esaunidad, en algunos casos, es igual a los metros cuadrados de su oficina.

El espíritu del mensaje de esta poderosa oración de Jesús es: que sean uno. En las leyes de los signos para la suma y resta, podemos encontrar una enseñanza al respecto:

  1. Signos iguales: sumar y repetir el signo. Cuando la unidad nos convoca a una causa del reino de Dios, sumamos nuestras virtudes aunque no necesariamente coincidimos unos con otros. Sea un signo de (+) ó de (-), en relación a la unidad del cuerpo de Cristo, si estamos de acuerdo, siempre la acción sumará, por consecuencia, lograremos más.
  2. Signos opuestos: restar y repetir el signo del mayor. Cuando la unidad que nos convoca no es potable, es dañina. Y contamina el sistema. Cuando caminamos sin la unidad, resulta lo que en esta ley afirma: el que tiene más, prevalece; y el que tiene menos, desaparece.

La afirmación que deja claro el Señor es que, él y el Padre son uno. Y tal aspiración aplica para nosotros. Dios quiere que seamos una misma cosa.

  1. Que también ellos sean uno en nosotros

Cuando alguien me invita a un proyecto, reviso en mi mente cuatro cosas elementales: 1) que la visión de él y la mía no se dañen; 2) que existan objetivos claros y que pueden medirse (evaluarse); 3) que en ambos aplique la fórmula: ganar-ganar; 4) que honre a Dios. He dejado pasar oportunidades únicas que por sentido común no debería, pero al llegar al filtro, no cumple las reglas. Un amigo dice al respecto: no puedes vender tu primogenitura por un plato de lentejas.

De forma individual, basta una decisión de ser uno con Cristo. De forma colectiva, es difícil para algunos e imposible para otros. Culturalmente el mexicano es individualista en gran manera. Más la voluntad divina puede romper patrones de conducta y hacernos de nuevo a tal grado de tener la mente de Cristo: una mentalidad de reino de Dios.  A esto me refería con la acción del Espíritu Santo en el creyente, pues a mayor relación, mayor comunión; esto también clarifica que a mayor comunión, más unidad. Es como en la aritmética: 1x1x1=1. La Biblia lo dice en Efesios 4:3-5: …un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo…

  1. Para que el mundo crea que tú me enviaste

Así concluyó  Jesús la oración por sus discípulos antes de su camino a la cruz del Calvario. Fue en un momento de crisis cuando el Maestro pide por la unidad de quienes continuarán la tarea divina. Esto nos deja ver que en ocasiones la máxima de la unidad se entiende mejor en tiempos de turbulencia.

Otro hecho que movió  a la unidad en tiempo de crisis fue el encarcelamiento de Pedro. Hombres y mujeres convocaron una oración unida a favor del apóstol. La impronta divina respondió a los fieles quienes en poco tiempo recibieron a Pedro en el mismo lugar de la intercesión. 

Recuerdo bien las palabras de mi abuelita: orando y con el mazo dando. La sabiduría popular dice: el pueblo unido, jamás será vencido. Ambas afirmaciones nos exhortan a orar, pero también a actuar. No podemos quedarnos inmóviles ante la crisis; no debemos ser insensibles a la necesidad de la gente. Evitemos el individualismo, luchemos por la unidad que honra a Dios y que establece su reino en las naciones. Hoy más que nunca debemos pararnos en la brecha a favor de México. Creo que a esto se refiere el Alfarero divino cuando oró por sus agentes de transformación: yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí. Jn. 17:23.

Carlos A De León Cárdenas

Presidente y Fundador de la Alianza de Comunicadores Cristianos en México, organizador de eventos masivos a nivel nacional e internacional, Publi Relacionista para empresas y alianzas de grupos de empresarios y líderes estratégicos en México, Miembro del Comité Nacional de la Confraternidad Evangélica de México 2011 – 2014,(CONEMEX).
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